lunes, 6 de octubre de 2014

Primeras lecturas...o del nacimiento de una pasión


Tengo que reconocer que en mi niñez no era una ávida lectora de tebeos, ni de historias infantiles, no pasaba horas leyendo a Jabato, El Capitán Trueno o similares, ni siquiera Mortadelo y Filemón…no, era más bien lo contrario. Mi relación con los libros, no fue un amor temprano, sino más bien del inicio de mi juventud (no sé si relacionado con los cambios hormonales…nunca lo había pensado).
Recuerdo que el primer libro que leí, que sea digno de ese nombre, fue Cinco semanas en globo de Julio Verne, estaría en 4º de EGB (sí en mi época todavía era EGB) y supuso el descubrimiento de los libros, aunque no fue el pistoletazo de salida de mi avidez lectora, porque aunque recuerdo leerlo con gusto, el gusanillo de la lectura llegó un par de años después. 

Creo que el inicio preciso de esa especie de enfermedad se produjo con dos libros (que estoy segura a muchos les hará sonreír). El primero, Mujercitas de Louisa May Alcott (y todas las secuelas de este libro, por supuesto). Lo sé, visto ahora es un poco ñoño, pero en ese momento me hizo descubrir a una Jo independiente y segura de sí misma con la que siempre quise identificarme y que siempre admiré. 

 Mi querido libro de Mujercitas (contiene también las siguientes novelas)


El segundo de esos libros fue Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas (y por supuesto todas sus secuelas posteriores), y aquí me enamoré de Athos, y quise ser uno de ellos, aprendí mucha historia francesa (algo tergiversada, cierto es, pero con cierta dosis de verdad) que también despertó en mi el cariño y afición que siento hacia la historia en general. Ambos libros los guardo con cariño, y un poco perjudicados, el primero regalo de mi abuela y el segundo un regalo (algo forzado diría ella) de mi madre…lo que hace que les tenga aún más cariño si cabe.


Mi maltratado ejemplar de Los tres mosqueteros


A partir de estos dos libros fue como abrir la veda, como romper una presa, de repente empecé a leer…sin parar…al principio buscando aventuras principalmente. Aún recuerdo las tardes que pasé con el Corsario Negro y Yolanda de Emilio Salgari surcando mares de nombres exóticos. Y las tardes de verano leyendo una detrás de otra las romanticonas novelas, con algo de históricas, de Rafael Pérez y Pérez, un autor poco conocido hoy en día, pero del que mi abuela tenía estanterías enteras, así que me dediqué a desvalijar su biblioteca, con algunos títulos memorables…La doncella de Loarre, el Hombre del tajo en la cara, El templario o Los Cien caballeros de Isabel la Católica…os aseguro que me pasé un verano intensivo con este autor, lo que provocó que nunca más lo volviera a leer, del atracón que me di.

Pero hay otros títulos que seguro muchos puedan incluir entre sus lecturas tempranas, como los libros de mi adorado Walter Scott con la increíble Ivanhoe, los libros de Robert Louis Stevenson, como La isla del tesoro o La flecha negra o Mark Twain con historias emocionantes como Príncipe y mendigo o la cómica Un yanqui en la corte del Rey Arturo…¡¡cuántos recuerdos!!. 


Inicio de Ivanhoe

Poco después di el salto a la fantasía…y volé con el dragón blanco en La historia interminable de Michael Ende, este libro recuerdo habérmelo leído en un solo día, y dar el salto a los libros con mayúsculas, más que nada por el volumen, cuando leí El Señor de los Anillos de Tolkien.



la historia interminable, mi debut con la fantasía


Y es que si sigo haciendo memoria esta entrada no va a tener final, porque cada vez que escribo un título o un autor me vienen a la memoria otros diez títulos más o autores que me marcaron igualmente (las historia de los cinco, de los tres investigadores, y un larguísimo etc.).

Ay, me estoy dejando llevar por la nostalgia…cuantas lecturas increíbles, que me hicieron soñar por unas cuantas horas, que me hicieron sentir que el estómago se me encogía ante los peligros de mis héroes, o me hicieron llorar con la muerte de personajes como Gandalf o Beth (dos de esos momentos que no podré olvidar y que casi hacen que dejara de seguir leyendo los libros de la pena que me dio). Y es que es maravilloso que la palabra escrita sea capaz de emocionar de esa manera…quizá por eso, después de tantos años, sigo enganchada a este vicio entre los vicios…y es que soñar es adictivo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario